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Perú en septiembre es para valientes

Perú en septiembre es para valientes

El corazón comenzó a acelerársele. Sintió cómo sus piernas empezaban a temblar. Estaba nervioso, y no era para menos, había sido elegido para participar en el Warachikuy de ese año y toda su familia estaría allí, sentada en el Parque Arqueológico de Sacsayhuaman, expectante.

Yo participé en el Warachikuy

La preparación había sido dura. Un mes de entrenamiento personal, físico y espiritual le habían llevado a conseguir entrar en la ceremonia inca más importante para un joven de 14 años, la que te permite manifestar que eres un ciudadano comprometido con su comunidad, es decir, un adulto. Ahora solo le quedaba demostrar ante todos su valentía, su capacidad física y su destreza intelectual. “Menos mal que no estaba en el Imperio Inca” – pensó- porque de no superar todas las pruebas, quedaría atrapado en el rango más bajo de la sociedad.

Respiró profundo. Nada podía salir mal, porque había memorizado el guion del rito de arriba abajo:

En la primera parte debía salir con su ejército imperial desde la Plazoleta de Limacpampa hacia la Explanada de Sacsayhuaman, llevando el armamento, al grito de “haylliy”, que significa “triunfo”.

La segunda parte no podría verla porque, mientras él caminaba hacia la Explanada, el público estaría disfrutando de la danza folklórica de la región a cargo de los estudiantes de nivel primario de Colegio Nacional de Ciencias.

La tercera parte la había ensayado en casa una y mil veces. Primero empezarían con el rito de las ofrendas, luego con el rito de Muchay (saludo al Dios Sol), el rito de Chicha (tomando la bebida sagrada a base de maíz), el rito del fuego y el rito de Chaqu (colocando hilos de lana de colores en las orejas a las  llamas y alpacas para pedir que se multipliquen).

La cuarta parte era la más dura. A la danza guerrera de Amaru, le seguían la maratón del guerrero más veloz, pruebas de velocidad con obstáculos, pruebas de fuerzas, la danza guerrera del Kuntur, pruebas de resistencia, pruebas de equilibrio, la danza de K´achampa, pruebas de dificultad, pruebas de riesgo, la danza K’ara y finalmente la pruebas de puntería.

Por si eso no fuera suficiente, la quinta parte consistía en un simulacro de batalla cuerpo a cuerpo tras el cual se enfrentarían unos ejércitos con otros con warakas (hondas) y proyectiles.

Pero sin duda llegar a la sexta parte era su objetivo. El solemne acto de graduación donde los vencedores serían reconocidos y respetados por todos tras pasar por unos puentes colgantes y descender de ellos para ser recibidos por el Inca como verdaderos hijos del Dios Sol, recibiendo la “wara” (prenda interior que se le coloca a los vencedores).

Por un momento tuvo miedo a fallar, pero una mano en su espalda le hizo girar. Encontrarse con la sonrisa de su madre le tranquilizó.

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